Sinceridad

[Prólogo]

Estimado Jacques:

Cada vez me resulta más difícil llevar una doble vida ante sus ojos. De alguna forma, la extensa correspondencia epistolar que llevamos, hace terrible y agotador mantener mi impostura. No veo otra salida que sincerarme con usted. Eso sí, sólo le pido dos cosas que, para mí, son de suma importancia, la primera es que no lo comente con terceras personas ya que sería mi ruina y la segunda es que, a partir de ahora, no piense en mí con horror y hasta con asco.

Jacques, soy un pálido.

Sé que le puede parecer absurdo. Sé que le puede parecer una patraña. Sé que le puede parecer una tontería. No se engañe, amigo mío, no es absurdo, no es una patraña y, mucho menos, no es una tontería.

Hace tiempo que el mundo se dividió en dos mitades. No sea boludo, no piense en política. Hablo de lo realmente importante, de lo trascendente, de la vida en toda su lujuriosa gloria. ¡Gloria, Gloria, Aleluya! ¡Aleluya, Brothers!

Retomemos: se dividió en vampiros y en pálidos y yo elegí ser un pálido.

No me veía como vampiro, con la joda esa de andar siempre con la boca medio abierta por los colmillos y con el cagazo de que te encuentren en pleno día apoliyando en el cajón. Me imaginaba en medio de un sueño de vampiro, dale que va, chupando sangre y, de pronto, aparecía el cornudazo de Van Helsing y me metía a martillazos una estaca de madera en el pecho.

No, eso no es vida, me dije, y me hice pálido. Más claro, échele agua.

En mi decisión influyeron, sin duda alguna, los comentarios de los muchachos de la barra de la esquina. El gordo Raviol y el petiso Dulce de Leche me dijeron que, como pálidos, cojen mucho más que antes, claro está, que esos dos no cogían casi nunca. Yo tampoco. Mi vida sexual estaba atascada en el renglón de las manualidades.

Ser pálido es otra cosa. Las vampiras que te chupan la sangre se saben el Kamasutra entero. Chupan en todas las posiciones. Créamelo, no es joda.

Además, no lo convierten en vampiro.

Antes de 1987 sí, ahora no. Se dieron cuenta de que si los convertían a todos los chupados y chupadas en Draculines, era cuestión de tiempo que hubiera más chupópteros que mercadería para transfundir, así que en el Congreso de Vampiros realizado en Los Cárpatos en ése año, decidieron chupar suave y no convertir.

Son vampiros y no pelotudos.

Además están organizados de puta madre, y no es para menos, tienen tiempo de sobra, mientras están en el ataúd, para pensársela bien.

Tienen sanidad propia —es por la privada—, y controlan a cada vampiro o vampira y a su pálido o pálida particular. No quieren ningún tipo de enfermedades. Mi vampira después de chupar me pasa un algodoncito con alcohol, dice la colmilluda que es un acto de amor.

Si usted lo desea, yo puedo presentarlo en el Club de Pálidos. Si lo presenta un socio, y yo soy socio Master, se agilizan los trámites y le permiten elegir vampira a piacere y eso es muy importante, a mí de entrada me tocó una vampira gorda y me dejaba hecho mierda. Siempre tenía hambre la hija de Transilvania.

Espero que no me juzgue mal o a la ligera.

Si quiere culear más a menudo, decídase.

El gobierno nos chupa la sangre. Los bancos nos chupan la sangre. Las multinacionales nos chupan la sangre. Pero de hacernos correr el cuerito ni hablan.

Usted sabrá lo que hace.

Su amigo sincero

Alberto

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