Fin

Estimado Jacques:

No quiero alarmarlo o, acaso, asustarlo. Pero, el fin ha llegado. El maldito Fin de los Tiempos.

Nunca he sido catastrofista, ni siquiera he practicado la ecología fundamentalista, nunca por mi cabeza pasó el más ligero pensamiento sobre un cambio tan radical y veloz. Pensé, como algunos, que estábamos devastando el planeta día a día, pero supuse, que había decenios o centurias para que el crack se concretara. Nunca pensé en verlo en persona y el caso es que aquí está.

Ya está aquí. Ahora.

Un cambio grosero, terrible, antidogmático y atroz. Pero, salvo yo, nadie parece verlo.

Empezó en el sumidero de mi bañera. Como usted seguro sabe, el agua al irse por la rejilla gira en un sentido en el Hemisferio Norte y, en sentido contrario, en el Hemisferio Sur.

Ahora se han invertido los sentidos. En los dos lados lo hacen al revés de cómo lo hacían. ¿Me sigue?

Las aves y, todo lo que vuela y está vivo, siempre lo han hecho con las alas hacia arriba. Ahora vuelan al revés, con las alas hacia abajo y las patas hacia arriba. Lo comprobé con una mosca distraída en la cocin  —comento lo de distraída porque la hice mierda con un trapo de cocina, le di como en la guerra—. Salí a la terraza de casa y constaté que los loros del Jardín Botánico y las bandadas de estorninos que sobrevuelan la arboleda, también volaban de esta forma bastarda, rompiendo el concepto básico del vuelo.

Y las flores, Jacques, que cosa tan desagradable, ya no perfuman y huelen a excrementos y a materia orgánica putrefacta. ¿Me entiende? Que tienen olor a mierda, ni más ni menos.

Desesperado, corrí hasta el colegio de curas y monjas, el que está cerca del Mercat Central. Esperé hasta ver salir al personal educativo y a los alumnos del mismo.

Vi a monjas con hábitos impúdicos de minifaldas y escotes pronunciados.

Vi a curas desnudos con los alzacuellos insertados en sus penes erectos.

Las carnes de todos y todas tenían un tono verde amarillento, semejante a un vómito de bilis. Y los niños tenían caras de viejos puteros, y las niñas de meretrices desdentadas.

Esto no es el cambio ecológico.

Esto es obra del Maligno.

De él, y de sus huestes de íncubos, súcubos, cubos al cuadrado e hipotenusas fálicas.

O es el Maligno, o es la geometría desviada del Señor.

El caso, Jacques, es que nadie lo ve.

Nadie, solo yo. Y, si me cree, usted.

No sé que hacer.

Nunca he sido un hombre de Dios y, ahora, no quiero serlo. A lo hecho pecho. Libre, en la medida de lo posible, por la vida. Por la mía y la de los demás.

Me he dado cuenta de otra cosa, ahora la gente come carne humana.

Alguien, Dios o el Diablo, cambió a los carniceros por sus repugnantes esbirros y, estos, cambiaron las carnes animales por carnes humanas. Cosa de acostumbrar a las gentes.

Así se explican tantos asesinatos y desapariciones.

Sé que Dios o el Diablo, saben de mí.

Saben que lo sé todo y, eso, me da miedo.

Escucho que golpean en mi puerta.

Si no vuelvo a escribir, ya puede imaginar el motivo.

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2 pensamientos en “Fin

  1. Estimado Alberto, como siempre su prosa enerva mi espíritu!! Magistral… !!! , pero sí, esto es obra del Maligno y verdaderamente, todo es excremento.
    Gracias, vuelve vuecencia a realizar el milagro. Su prosa me evade, hace viajar mi alma, me transporta a otra realidad. Cúal puede ser el objetivo de la literatura, sólo la imaginación, sólo la literatotransportación, bravo, bravo Alberto!!!.

    Un respetuoso, pero entrañable abrazo.

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