Del cielo

Estimado Jacques:

Ayer me visitó el Arcángel Gabriel.

No se ría, que no es joda. Es verdad. No era el gordo de al lado con los pantys de su mujer, las alitas de un disfraz de la abeja Maya y una espada de plástico en la mano.

El coso éste era el arcángel Gabriel en vivo y en directo. No sé por donde entró, ya que las ventanas estaban cerradas y la puerta idem, pero en un suspiro ahí estaba, al otro lado de la mesa cuando yo iba a empezar a desayunar.

Una pinta bárbara el arcángel. Mide como metro noventa y parece una estatua clásica. Hasta en lo pálido parece una estatua, apenas un perfilado de rimel en los ojos. Y los ojos, amigo mío ¡qué ojos!, color de piscina limpia, antes que la usen los pibes del barrio durante una semana.

Hasta la ropa es pálida, unas mallas tipo bailarín de ballet color hueso y usa las medias esas, las que calientan las pantorrillas. Se ve que el arcángel está en todo.

Sigue leyendo